{"id":371,"date":"2013-06-17T12:54:07","date_gmt":"2013-06-17T10:54:07","guid":{"rendered":"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=371"},"modified":"2013-06-17T16:59:20","modified_gmt":"2013-06-17T14:59:20","slug":"la-muerte-del-mercader-o-cuando-los-dioses-reparten-hostias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=371","title":{"rendered":"La muerte del mercader (&#8230;o cuando los dioses reparten hostias)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_372\" aria-describedby=\"caption-attachment-372\" style=\"width: 200px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/mercader.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-372\" alt=\"Natalia Cuenca y Alfonso L\u00e1zaro.\" src=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/mercader.jpeg\" width=\"200\" height=\"105\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-372\" class=\"wp-caption-text\">Natalia Cuenca y Alfonso L\u00e1zaro.<\/figcaption><\/figure>\n<p><b><span style=\"color: #993300;\">Alfonso L\u00e1zaro.<\/span><\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Aquella ma\u00f1ana, como todas, se abrieron las puertas del mercado con toda normalidad. Las bisagras se desperezaban en un lento abrir de sus hojas, como si se estirasen los huesos de la madera en ese recorrido diario. Los comerciantes, como siempre, discut\u00edan por la colocaci\u00f3n de sus puestos mientras descargaban las carretas y se apresuraban por introducir sus productos para ocupar los sitios m\u00e1s vistosos, m\u00e1s limpios, m\u00e1s transitados. Los primeros buscavidas, como siempre, ol\u00edan a enga\u00f1o.\u00a0<!--more--><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nAquella ma\u00f1ana, como todas, el silencio de la noche par\u00eda los m\u00e1s dispares sonidos. El chirriar de las ruedas, el ladrido de un perro, la misericordia de un mendigo, las carreras de los ni\u00f1os, las gallinas en sus jaulas, los gatos sueltos, el relinchar de los caballos, la insinuaci\u00f3n de una puta, los bidones rodando, el cantar de un p\u00e1jaro, el ladr\u00f3n que no hace ruido y el ruido de los carros&#8230; Y otra vez los gatos. Aquella ma\u00f1ana alguna gata callejera estaba en celo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nLa estancia, de inmensas proporciones, se iba llenando de ganado, que en corrales improvisados conviv\u00eda con las moscas. Pescado salado y olores. Cereales, encajes y moscas. Huevos, aceite, vino y olores. Miel, frutas, hortalizas, perfumes y moscas. Sedas, dulces, almendras, conejos, higos secos y olores. Lino, especies, incienso, queso, cuero, ung\u00fcentos, pollos, moscas&#8230; y olores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nTodas las ma\u00f1anas parec\u00edan r\u00e9plica de las anteriores, los mismos insultos y discusiones, las mismas palabras y situaciones, las mismas quejas y las mismas respuestas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nAquella ma\u00f1ana, como todas, se abrieron las puertas de la iglesia y entraron los mercaderes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nLos dioses formaban parte de la compraventa como si del mismo comercio se tratase, vendiendo paz interior con una mirada inexpresiva, con un gesto sereno, el cielo, con una postura divina, deseos. Desde sus pedestales, y en segundo plano, bendec\u00edan los negocios, como si de su mismo negocio se tratase. Los vendedores eran generosos si les acompa\u00f1aba la suerte, los ricos si manten\u00edan su riqueza, los pobres si com\u00edan ese d\u00eda, los viejos si olvidaban su pena&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nAquella ma\u00f1ana la recordaran todas las ma\u00f1anas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nHab\u00eda terminado el trasiego y en sus puestos los comerciantes atend\u00edan a la clientela. El regateo, el tira y afloja, el s\u00ed y el no, el tengo otra cosa, el mire esto&#8230; para volver al regateo. Mientras tanto los titiriteros, mezclados entre el p\u00fablico, arrancaban una sonrisa. El m\u00fasico ciego templaba el ambiente. El mono amaestrado siempre hac\u00eda los mismos n\u00fameros&#8230; \u00e9l&#8230; y ellos, con la misma mirada, como si de la misma evoluci\u00f3n se tratase, evolucionando paralelamente. El mono amaestrado imitaba a los humanos, cargando con sus defectos, como si del mismo humano se tratase.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nFuera, la ciudad estaba revuelta. Se esperaba la llegada de un profeta, m\u00e1s que un profeta, m\u00e1s all\u00e1 de las limitaciones de un profeta. Tambi\u00e9n ser\u00eda tentado y humillado&#8230; como cualquier humano. Tambi\u00e9n se sentir\u00eda solo y acorralado&#8230; como cualquier humano. Tambi\u00e9n tendr\u00eda que llorar y esperar tiempos mejores&#8230; como cualquier humano. Tambi\u00e9n ser\u00eda orgulloso y despiadado&#8230; como cualquier humano. Tambi\u00e9n ser\u00eda, sin ir m\u00e1s lejos, un humano, con sus fallos, alguien m\u00e1s evolucionado, como si se hubiese adelantado a sus tiempos y tal vez a los nuestros, como si no existiese el tiempo y el tiempo fuese su recuerdo por los siglos de los siglos, a\u00fan pasando el tiempo, repetitivo, despiadado, ajeno al tiempo, como si del mismo tiempo se tratase.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nFuera, la ciudad estaba revuelta.. Se esperaba la llegada de un profeta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nHab\u00edan llegado muchos a la plaza, mansos, sucios, humildes y harapientos. Profetas de ociosos. Todos con un dios, todos con una promesa, todos con una bendici\u00f3n. Los profetas. Y no hab\u00edan servido de nada, de nada sirvieron sus palabras, de nada su dios, de nada sus promesas, de nada su bendici\u00f3n. Hab\u00edan llegado muchos a la ciudad y predicaban en la plaza. Era c\u00f3modo para los mirones, no ten\u00edan que echar monedas, no se pasaban bandejas, ni sombreros, ni panderetas. Crear conciencias gratis, sin sombreros, ni bandejas, sin manos extendidas y sin panderetas. Mientras tanto, el mono amaestrado repet\u00eda los gestos de los humanos, como si de un humano se tratase. Lo triste del caso es que a la gente le hac\u00eda gracia, y a su paso, le echaba una moneda. El mono, r\u00e1pido, se la daba a su amo. Los dioses, impasibles y en segundo plano, observaban el espect\u00e1culo.<br \/>\nLos puestos callejeros, con sus toldos de rayas, daban un colorido singular a la plaza. Los transeuntes, viendo todo sin fijar la mirada, s\u00f3lo se paraban en los objetos que les interesaban&#8230; y otra vez el regateo, el tira y afloja&#8230; Dentro, en la iglesia, el comercio estaba m\u00e1s animado. Fuera, la plaza estaba alterada. Se esperaba la llegada de un profeta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\n&#8211; \u00ab\u00a1El hijo del carpintero est\u00e1 cerca!. \u00a1Viene con unos que eran pescadores!\u00bb, gritaba un carretero que transportaba sand\u00edas.<br \/>\n&#8211; \u00abEse ha hecho algunos milagros\u00bb, dijo alguien.<br \/>\n&#8211; \u00abCreo que es el \u00faltimo profeta\u00bb, a\u00f1adi\u00f3 otro.<br \/>\n&#8211; \u00abDicen que es el hijo de dios, o eso dice \u00e9l\u00bb, apunt\u00f3 un cojo.<br \/>\n&#8211; \u00abS\u00ed, Jes\u00fas de Nazaret. Yo era su vecino\u00bb, coment\u00f3 un vendedor ambulante.<br \/>\n&#8211; \u00ab\u00bfY si es el hijo de dios? \u00bfNos merecemos nosotros esta visita? \u00bfAcaso no ve nuestras miserias? \u00bfAcaso no controla nuestros actos?\u00bb, preguntaba un predicador exaltado.<br \/>\n&#8211; \u00abHa hecho milagros, a m\u00ed me lo han contado\u00bb, dijo un tipo alto.<br \/>\nDios y el humano. El uno hecho a imagen y semejanza del otro, pero el otro, mundano en sus actos, y el uno, m\u00edstico en los suyos. Uno y otros en mundos distintos, en distintas dimensiones, para uno el tiempo es eterno, para los otros, limitado. Uno habla por medio de profetas, los otros por los codos, sin temor al rid\u00edculo, sin miedo a la ignorancia. Uno es temido por su furia, otros, envidiados por sus riquezas. Uno y otros&#8230; \u00a1Qu\u00e9 gran decepci\u00f3n para un ser todo inteligencia el reconocer que su obra ha sido un fallo!.<br \/>\n&#8211; \u00abEse ha hecho algunos milagros\u00bb, repiti\u00f3 alguien.<br \/>\n&#8211; \u00ab\u00a1Qu\u00e9 repita el del vino!\u00bb, dijo un borracho ri\u00e9ndose, y como sosteni\u00e9ndose en la botella, se zarandeaba bruscamente. \u00abEl del vino est\u00e1 bien, es un buen milagro\u00bb, repet\u00eda el borracho incordiando a las mujeres.<br \/>\n&#8211; \u00ab\u00a1Que sabr\u00e1s t\u00fa, viejo borracho. Deja de beber y vigila m\u00e1s a tu mujer, que te la est\u00e1 pegando!\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nUn corro de risas invadi\u00f3 el espacio descargando el ambiente. El hombre se escurri\u00f3 entre la gente y desapareci\u00f3, posiblemente se fue con el bodeguero a contarle sus penas y sus sue\u00f1os, sus desgracias y anhelos. Como siempre, terminaba hablando solo, se re\u00eda, lloraba, se alteraba, daba un pu\u00f1etazo en la mesa, para volver a reir. Los estados de \u00e1nimo se suced\u00edan r\u00e1pidos, inconsecuentes, repetitivos. \u00abEl del vino es un buen milagro\u00bb, segu\u00eda pensando.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">LA MARCHA DE L\u00c1ZARO<br \/>\nFederico Utrera<\/span><\/b><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\nEscribo estas l\u00edneas releyendo un cuento in\u00e9dito de Alfonso L\u00e1zaro que titul\u00f3 \u00abLa muerte del mercader (&#8230; o cuando los dioses reparten hostias)\u00bb. Uno de sus personajes lo concluye con un pensamiento: \u00abEl del vino es un buen milagro\u00bb. As\u00ed era Alfonso. Una encarnaci\u00f3n m\u00e1s del personaje de don Miguel de Cervantes y Saavedra habiendo s\u00f3lo hojeado unas p\u00e1ginas del Quijote. Cuando le dije adi\u00f3s hace unos d\u00edas me ofreci\u00f3 un \u00faltimo cigarro a su mala salud. Su entereza y dignidad parec\u00edan sobrehumanas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Otros glosar\u00e1n la trayectoria de Alfonso en el periodismo, el dise\u00f1o y el grafismo por Almer\u00eda y Madrid. Me toca el amigo. Fueron 25 a\u00f1os trabajando juntos, m\u00e1s lejos o m\u00e1s cerca, viviendo en las mismas ciudades, incluso en la misma casa, pero sobre todo disfrutando y riendo, mezclando esfuerzo y vida con m\u00ednimo recato. Era el esp\u00edritu que m\u00e1s escrupulosas convicciones morales y \u00e9ticas he visto desprender nunca, siendo como era arreligioso e irreverente. Hablaba con dios de tu a tu, privilegio de los corazones poderosos, aunque solo cre\u00eda en lo invisible. Jam\u00e1s enga\u00f1\u00f3 a nadie ni se guard\u00f3 nada, a veces hasta para cobrar rehu\u00eda al pagador, consideraba que casi todo lo que hac\u00eda era d\u00e9bito de la amistad o val\u00eda poca cosa. Alg\u00fan desalmado se aprovechar\u00eda de las circunstancias. Un influyente periodista en Madrid me sugiri\u00f3 una vez que presentara sus libros al Premio Nacional de Edici\u00f3n y no lo estimo osad\u00eda: el dramaturgo Fernando Arrabal o las familias de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez y Vicente Blasco Ib\u00e1\u00f1ez fueron algunos de los que me felicitaron como editor por lo que s\u00f3lo eran sus creaciones. Estaba est\u00e9ticamente al d\u00eda y tecnol\u00f3gicamente a punto. Pocos usaban el programa quarkXpress con su habilidad y pericia, manej\u00f3 uno de los primeros Apple. Y adem\u00e1s ten\u00eda buen gusto. Si hubiera vivido en Flandes en el XVI, hubiera abandonado los Tercios para ilustrar y montar los tipos con el impresor Plantino. Era un artista de lo cotidiano, si le ped\u00edas m\u00e1s lo ahuyentabas y te perd\u00edas el lujo de sus artes gr\u00e1ficas, que en un principio fueron bautizadas as\u00ed no por casualidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Guardaba un tip\u00f3metro como recuerdo, era un rom\u00e1ntico de la tinta y las imprentas. Del campo, el pueblo y el compa\u00f1erismo. Rod\u00f3 por peri\u00f3dicos, revistas, agencias de publicidad y editoriales y en todos dej\u00f3 estela de su impronta. !Tan dif\u00edcil! Algun volumen deja huella del d\u00eda que me present\u00f3 al poeta Jos\u00e9 Angel Valente, aqu\u00ed tuvo sus mejores amigos, como en el mundo de la medicina y la sanidad, que le ven\u00eda de tradici\u00f3n familiar, como entre la gente de Abla, donde fabric\u00f3 tantos sue\u00f1os, entre los artesanos, los agricultores, los bares, los autom\u00f3viles&#8230; No ha sido una sorpresa el \u00faltimo viaje de Alfonso quiz\u00e1s porque, consciente de su grave enfermedad, se fue retirando poco a poco, sin hacer mucho ruido, sin molestar, sin quedarse con nada ni con nadie, sin sufrimientos est\u00e9riles ni despedidas melodram\u00e1ticas. En ese cuento que escribi\u00f3, un ser todo inteligencia se lamenta al reconocer que su obra ha sido un fallo. No somos perfectos, ni los m\u00e9dicos son dioses, ni el hombre es dios, mal que nos pesa. Alfonso lo sab\u00eda bien. Pero entre todos los que lo queremos, que somos muchos, flota la rara coincidencia de que ese fallo en el programa deja una estela rara en estos tiempos. La de una buena persona honrada y con principios, muy generosa. Vivi\u00f3 y dej\u00f3 vivir, una excepci\u00f3n en toda regla. L\u00e1zaro, el del milagro, tambien lo era, aunque su personaje prefiriera el del vino. Bebamos una copa por la memoria de alguien que puso su grano para realzar la cultura y la letra impresa, que hizo esta jaula m\u00e1s abierta, simp\u00e1tica y habitable. \u00a1A tu mala salud, Alfonso!<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Alfonso L\u00e1zaro. Aquella ma\u00f1ana, como todas, se abrieron las puertas del mercado con toda normalidad. Las bisagras se desperezaban en un lento abrir de sus hojas, como si se estirasen los huesos de la madera en ese recorrido diario. Los comerciantes, como siempre, discut\u00edan por la colocaci\u00f3n de sus puestos mientras descargaban las carretas y se apresuraban por introducir sus productos para ocupar los sitios m\u00e1s vistosos, m\u00e1s limpios, m\u00e1s transitados. 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