{"id":497,"date":"2013-06-17T17:08:44","date_gmt":"2013-06-17T15:08:44","guid":{"rendered":"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=497"},"modified":"2013-06-17T17:10:36","modified_gmt":"2013-06-17T15:10:36","slug":"una-comunidad-desbordada-una-administracion-despistada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=497","title":{"rendered":"Una comunidad desbordada, una administraci\u00f3n despistada"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #663399; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><b><a href=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/logocordel1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-206\" alt=\"logocordel1\" src=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/logocordel1.jpg\" width=\"300\" height=\"62\" \/><\/a>Andr\u00e9s S\u00e1nchez Pic\u00f3n.<\/b><\/span><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\"><br \/>\n<span style=\"color: #888888;\"><strong>(Profesor de Historia Econ\u00f3mica de la Universidad de Almer\u00eda)<\/strong><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">El estallido de El Ejido ha ocupado la atenci\u00f3n preferente de los medios de comunicaci\u00f3n desde hace ya una semana. Se trata de una doble novedad: nunca en la historia de Almer\u00eda hechos acaecidos en la provincia hab\u00edan concentrado durante tantos d\u00edas la atenci\u00f3n nacional e internacional -con la excepci\u00f3n, tal vez, de aquel enero de 1966 en que cuatro artefactos nucleares norteamericanos cayeron sobre la costa de Palomares-. Pero, tambi\u00e9n, nunca antes en la historia contempor\u00e1nea espa\u00f1ola se hab\u00eda producido un brote, calificado mayoritariamente de racista por la mayor\u00eda de los observadores, de tal magnitud e intensidad, y del que lo \u00fanico que debe alegrarnos es que se haya saldado, hasta el momento, sin v\u00edctimas mortales, al margen de los luctuosos y tr\u00e1gicos hechos que encendieron el polvor\u00edn en los primeros momentos del conflicto.\u00a0<!--more--><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Los sucesos son novedosos y a todos nos han cogido desprevenidos. A pesar de que los incidentes salpicados a lo largo de los \u00faltimos cinco a\u00f1os permit\u00edan barruntarlos, y a pesar de que todos nos hemos apresurado a comentar ahora que \u00abesto ya se ve\u00eda venir\u00bb, lo cierto es que nos hemos topado con el primer episodio de envergadura (por el n\u00famero de participantes) de lo que puede ser una de las facetas m\u00e1s destacadas de la conflictividad social en nuestro pa\u00eds durante la primera d\u00e9cada del siglo XXI.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Muchos de los que vivimos en Almer\u00eda hemos sentido estos d\u00edas una mezcla de estupefacci\u00f3n y de merma en nuestra autoestima colectiva. \u00c9sta se hab\u00eda ido construyendo en las \u00faltimas d\u00e9cadas a partir de la constataci\u00f3n del extraordinario crecimiento econ\u00f3mico de la provincia durante los \u00faltimos treinta a\u00f1os. La locomotora de este crecimiento hab\u00eda sido la agricultura intensiva de frutas y hortalizas cultivadas en invernaderos, y los observadores m\u00e1s o menos cualificados destacaban la laboriosidad, la iniciativa, la capacidad de incorporan innovaciones tecnol\u00f3gicas y de crear riqueza por parte de sus principales protagonistas, los agricultores, as\u00ed como la capacidad de penetraci\u00f3n en los mercados internacionales de sus producciones agr\u00edcolas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Por el contrario, en los \u00faltimos d\u00edas se han difundido opiniones que, al calor de las llamaradas del brote violento, han trocado esos h\u00e9roes en villanos. No me refiero s\u00f3lo a las invectivas dirigidas contra los grupos de exaltados que han participado en la algarada xen\u00f3foba, se\u00f1alo espec\u00edficamente esas opiniones que tratan de presentar a los empresarios agr\u00edcolas almerienses como a unos \u00abnuevos ricos\u00bb encumbrados sobre la explotaci\u00f3n inicua de los trabajadores africanos. Adelanto que tal idea es, por lo menos, extremadamente parcial y se\u00f1ala un profundo desconocimiento de la realidad del sector agr\u00edcola en la provincia, as\u00ed como de su trayectoria hist\u00f3rica reciente, como m\u00e1s abajo insistir\u00e9. Pero adem\u00e1s, es peligrosa y contraproducente para la resoluci\u00f3n del conflicto e incluso para el futuro del modelo agr\u00edcola almeriense. As\u00ed, un argumento m\u00e1s que a\u00f1adir a las justificadas condenas \u00e9ticas y morales aparecidas estos d\u00edas, tendr\u00eda que reparar en el hecho de que los ingresos del sector provienen de su presencia en los mercados desarrollados europeos, y no de la obtenci\u00f3n de subvenciones oficiales, lo que dota de una capital importancia estrat\u00e9gica el camino de profundizaci\u00f3n en la limpieza de marca de sus productos, tanto de residuos de pesticidas como de cualquier residuo de racismo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Se\u00f1alar\u00e9 algunos datos que ayuden a perfilar las dimensiones econ\u00f3micas del sector. Seg\u00fan datos de la Junta de Andaluc\u00eda, en 1998 la provincia de Almer\u00eda aportaba casi el 25 por ciento del valor de la producci\u00f3n agraria andaluza (unos 280 mil millones de pesetas): no es aventurado suponer que en las poco m\u00e1s de treinta mil hect\u00e1reas donde se concentran los invernaderos-, se puede estar obteniendo cerca de la quinta parte de una producci\u00f3n agraria regional en donde se computa el valor de los productos recolectados en las m\u00e1s de 4,5 millones de hect\u00e1reas cultivadas en Andaluc\u00eda, de las que unas 800 mil son de regad\u00edo. Este impresionante emporio agr\u00edcola genera directa o indirectamente en torno al 40 por ciento del PIB provincial y es el responsable de la aparici\u00f3n en los \u00faltimos a\u00f1os de una potente industria auxiliar y de servicios en torno a la financiaci\u00f3n, producci\u00f3n, preparaci\u00f3n y comercializaci\u00f3n de las producciones agr\u00edcolas, que, a decir de algunos, tiende a constituir un verdadero \u00abcluster\u00bb agroindustrial que factura cantidades cada vez m\u00e1s importantes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">El \u00abmilagro econ\u00f3mico almeriense\u00bb ha sido una expresi\u00f3n utilizada con profusi\u00f3n por muchos de los especialistas que en el \u00faltimo cuarto de siglo se han acercado por la provincia. La historia de este \u00e9xito econ\u00f3mico, que ya va camino del medio siglo; se remonta a los a\u00f1os cincuenta, cuando el Instituto Nacional de Colonizaci\u00f3n iniciara las primeras inversiones para transformar el amplio erial que se extend\u00eda entre la Sierra de G\u00e1dor y el Mediterr\u00e1neo, en un una nueva zona regable. A pesar de tratarse de un proyecto modesto, en los a\u00f1os sesenta, la colonizaci\u00f3n oficial y privada fue capaz de poner en valor un recurso hasta entonces inexplotado (el agua embalsada en ese pantano subterr\u00e1neo y natural que es el acu\u00edfero del Poniente) mediante el empleo de la moderna tecnolog\u00eda de bombeo. A la llamada colonizadora acudieron centenares de pioneros desde las poblaciones monta\u00f1osas cercanas de las Alpujarras granadina y almeriense. Junto con emigrantes retornados, estos colonos de los a\u00f1os sesenta y setenta que desertaron de emigrar a las zonas industriales de Barcelona y Europa, constituyeron el embri\u00f3n de una nueva agricultura de car\u00e1cter familiar, estructurada en explotaciones de una a dos hect\u00e1reas, de las que se obten\u00edan varias cosechas de hortalizas al a\u00f1o, con el concurso casi exclusivo de la propia mano de obra familiar. Hasta mitad de la d\u00e9cada de 1980, cuando ya la horticultura intensiva presentaba una historia de m\u00e1s de veinte a\u00f1os y cuando ya hacia mucho tiempo que se hablaba de la prodigiosa transformaci\u00f3n, no empiezan a verse algunos inmigrantes por la comarca del antiguo Campo de Dal\u00edas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Para entonces, en n\u00facleos nuevos o en antiguas aldeas fulminantemente expandidas (como es el caso del mismo El Ejido) se concentraba una poblaci\u00f3n pionera, cuya ra\u00edz estaba en el campesinado de monta\u00f1a mediterr\u00e1nea, y que se caracterizaba por una extraordinaria capacidad de trabajo que le llevaba, como suele ocurrir en las agriculturas familiares, a un alto grado de autoexplotaci\u00f3n. Porque el cultivo forzado, a pesar de incorporar una alto nivel de desarrollo tecnol\u00f3gico, resulta intensivo en mano de obra. Determinadas tareas, como la recolecci\u00f3n y la plantaci\u00f3n, requieren el empleo abundante de fuerza de trabajo, que, hasta los a\u00f1os ochenta fue aportada por el n\u00facleo familiar con el recurso a determinados sistemas (tornape\u00f3n) de origen alpujarre\u00f1o. Sin embargo, conforme pas\u00f3 el tiempo y se aproximaba la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX, la situaci\u00f3n del mercado de trabajo cambi\u00f3. Los hijos de los pioneros comenzaron a trabajar fuera del invernadero, muchos en el complejo agroindustrial y de servicios auxiliares y financieros surgido alrededor; mientras que la escolarizaci\u00f3n a todos los niveles (con una proporci\u00f3n creciente de universitarios) alejaba a otros miembros del grupo familiar del invernadero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Adem\u00e1s, desde la entrada en la UE, las bonancibles perspectivas del mercado, junto con el intento de contrarrestar el estancamiento de los rendimientos con la ampliaci\u00f3n de las superficies invernadas, hab\u00eda hecho que empezaran a darse la mano dos nuevas situaciones: una disponibilidad menor de la mano de obra familiar, de un lado, y un incremento del tama\u00f1o medio de las explotaciones (por encima de las 3 hect\u00e1reas), de otro. En estas circunstancias se produce la llegada de los primeros inmigrantes a la comarca del Poniente, bien avanzada la d\u00e9cada de los ochenta. Desde entonces el crecimiento de las cifras estimadas para un flujo que no conocemos con precisi\u00f3n, ha sido explosivo: en 1988 se calculaba que viv\u00edan en la zona unos 1.000 extranjeros; en 1993 la cifra hab\u00eda subido hasta unos 3.000, y en 1998 se han computado unos 15.000. Si los legales se han triplicado cada cinco a\u00f1os, no se sabe qu\u00e9 decir respecto al ritmo de crecimiento de los \u00absin papeles\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Una estimaci\u00f3n reciente adjudica al Poniente una cifra similar a la de los registrados, con lo que el colectivo podr\u00eda ascender actualmente a unas 30.000 personas. Para retener un m\u00ednimo orden de magnitud de lo que supone esto, hay que detenerse en el dato de que esa cifra equivale a casi el 25 por ciento de la poblaci\u00f3n total del la zona (unos 125 mil habitantes): a una distancia estratosf\u00e9rica de los porcentajes de poblaci\u00f3n inmigrante que presentan las cifras espa\u00f1olas, donde seg\u00fan datos de Eurostat, se eval\u00faa en un 0,7 por ciento, el n\u00famero de extracomunitarios que viven en el pa\u00eds (menos de doscientas mil personas). Imaginen por un momento, que en los \u00faltimos cinco o diez a\u00f1os, se hubiera producido a escala espa\u00f1ola una avalancha como la del Poniente almeriense. \u00bfC\u00f3mo se las arreglar\u00eda el pa\u00eds con un 20 por ciento de inmigrantes -m\u00e1s de 7 millones de personas-, arribadas en un lapso temporal tan corto? \u00bfQu\u00e9 grado de madurez social y pol\u00edtica, qu\u00e9 nivel de desarrollo de nuestras infraestructuras sociales, qu\u00e9 cultura c\u00edvica har\u00eda falta para absorber un choque de esa magnitud?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Pero es que adem\u00e1s, este fen\u00f3meno, aparte de su tama\u00f1o, incorpora determinados rasgos relativos a la conformaci\u00f3n sociocultural tanto de los aut\u00f3ctonos como de los inmigrantes, que pon\u00edan en una dif\u00edcil prueba el compromiso por la integraci\u00f3n. En esta pel\u00edcula con final infausto (por ahora), nada favorec\u00eda un desenlace m\u00e1s risue\u00f1o. Ni los protagonistas, ni el escenario escogido para rodar. De un lado, los inmigrantes, de los que casi el 40 por ciento se encuentran en situaci\u00f3n irregular; africanos en su mayor parte, con una mayor\u00eda magreb\u00ed (casi el 60 por ciento); compuesta por varones j\u00f3venes que deambulan durante las paradas de la actividad agr\u00edcola por las carreteras y pistas de tierra que atraviesan el oc\u00e9ano de pl\u00e1stico. Que ocupan, en casi la mitad del colectivo, viviendas de p\u00e9simas condiciones, acogidos con desconfianza en los n\u00facleos de poblaci\u00f3n, desparramados por el Campo en su mayor parte.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">A vista de p\u00e1jaro, salvo el hormigueo de estos miles de africanos, apenas nada ha cambiado en la infraestructura de la comarca en los \u00faltimos a\u00f1os: los mismos caminos, los mismos cortijos y almacenes, mientras que se agravaba la carencia de infraestructuras que permitieran la recepci\u00f3n de esta improvisada masa. En este panorama cundi\u00f3 una sensaci\u00f3n objetiva y subjetiva de inseguridad. El huevo de la desconfianza y el rencor comenz\u00f3 a incubarse en este ambiente de vulnerabilidad y desamparo. Aunque la mayor\u00eda de los antiguos agricultores (convertidos en peque\u00f1os empresarios agr\u00edcolas empleadores de uno o dos inmigrantes de promedio, en sus invernaderos) ajustaban los salarios a lo estipulado en el convenio, la disponibilidad creciente de mano de obra ilegal, en el contexto de las malas campa\u00f1as de los dos \u00faltimos a\u00f1os, favorec\u00eda la aparici\u00f3n de algunos episodios de sobreexplotaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">La comarca entera, carente todav\u00eda del espesor hist\u00f3rico imprescindible para articularse socialmente, se ve\u00eda enfrentada a una prueba dif\u00edcil de superar en cualquier entorno y, en estas circunstancias, los incidentes dentro de colectivo de inmigrantes (argelinos, marroqu\u00edes, negros subsaharianos, lituanos, rumanos) y con la poblaci\u00f3n aut\u00f3ctona (asaltos, ri\u00f1as, hurtos en los invernaderos y almacenes) se agravaban cada d\u00eda. En este panorama se ha producido el estallido que todos ustedes conocen.<br \/>\nMe gustar\u00eda terminar en un tono algo menos melanc\u00f3lico. Con el relato que antecede da la impresi\u00f3n de que el episodio violento ha podido ser una especie de cataclismo natural, algo ineluctable dadas las condiciones que he sumariamente descrito. Pero hay algunas cuestiones que conviene poner de relieve en esta reflexi\u00f3n y que deben ayudarnos a afrontar el problema a partir de ahora.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">En primer lugar, debemos conocer con precisi\u00f3n las dimensiones del mismo. Se desconoce el n\u00famero total de inmigrantes, as\u00ed como las necesidades de la agricultura intensiva de la provincia. Sabemos que la Administraci\u00f3n ha sido muy cicatera en la fijaci\u00f3n del contingente anual, muy por debajo de las demandas de los empresarios. En segundo lugar, la imprevisi\u00f3n de todas las administraciones ha resultado clamorosa. En este asunto la mano invisible del mercado ha funcionado como una verdadera \u00abmanaza\u00bb que ha complicado enormemente la convivencia en la comarca. Hay que regular el flujo, dotar de la infraestructura suficiente de acogida a los que llegan y mejorar la seguridad ciudadana. En tercer lugar, los l\u00edderes pol\u00edticos y algunos de los sociales de la zona no han estado a la altura requerida en los \u00faltimos tiempos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;\">Me parece una torpeza y una injusticia la campa\u00f1a denigratoria contra las ONG Almer\u00eda Acoge o la Asociaci\u00f3n de Trabajadores Inmigrantes. Lo segundo no requiere muchas explicaciones. La torpeza deriva de la constataci\u00f3n de que en el futuro inmediato el avance en la integraci\u00f3n pasa tambi\u00e9n por la existencia de mediadores e interlocutores solventes en cada una de las partes. En este sentido tanto estas organizaciones, como los representantes empresariales del sector y los sindicales, deber\u00e1n asumir un protagonismo decisivo. El objetivo inmediato es la pacificaci\u00f3n y la normalizaci\u00f3n, que deben basarse en la seguridad y la justicia. Las medidas que favorezcan la integraci\u00f3n (educativas, formativas, construcci\u00f3n de viviendas, etc.) surtir\u00e1n efecto, en todo caso, a medio y largo plazo. Mientras tanto, habr\u00e1 que conducirse, con el compromiso de las administraciones, con grandes dosis de pericia, inteligencia y buena voluntad.<br \/>\nEste texto fue redactado en los d\u00edas del conflicto desatado en el Poniente almeriense en febrero del a\u00f1o pasado. Una versi\u00f3n algo reducida del mismo fue publicada por \u00abEl Peri\u00f3dico de Catalunya\u00bb el 13 de febrero de 2000.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andr\u00e9s S\u00e1nchez Pic\u00f3n. (Profesor de Historia Econ\u00f3mica de la Universidad de Almer\u00eda) El estallido de El Ejido ha ocupado la atenci\u00f3n preferente de los medios de comunicaci\u00f3n desde hace ya una semana. Se trata de una doble novedad: nunca en la historia de Almer\u00eda hechos acaecidos en la provincia hab\u00edan concentrado durante tantos d\u00edas la atenci\u00f3n nacional e internacional -con la excepci\u00f3n, tal vez, de aquel enero de 1966 en que cuatro artefactos nucleares norteamericanos cayeron sobre la costa de Palomares-. 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