{"id":522,"date":"2013-06-17T17:26:26","date_gmt":"2013-06-17T15:26:26","guid":{"rendered":"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=522"},"modified":"2013-06-17T17:26:26","modified_gmt":"2013-06-17T15:26:26","slug":"provincianos-al-cuadrado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=522","title":{"rendered":"Provincianos al cuadrado"},"content":{"rendered":"<p><b><span style=\"font-size: small;\"><a href=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/logocordel1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-206\" alt=\"logocordel1\" src=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/logocordel1.jpg\" width=\"300\" height=\"62\" \/><\/a>Miguel Gallego Roca.<\/span><\/b><\/p>\n<p>La biso\u00f1ez, los sue\u00f1os, los mitos art\u00edsticos y sexuales, la soberbia y la timidez. Es posible que los atributos que adornaban una educaci\u00f3n provinciana sean ya cosa de otro tiempo m\u00e1s l\u00edrico. Un tiempo anterior a la cultura de masas y la pornograf\u00eda. La provincia fue el territorio del aprendizaje, el lugar de los primeros maestros, y es posible que el aprendizaje y los maestros est\u00e9n en v\u00edas de extinci\u00f3n, de forma que el provinciano de hoy corre el riesgo de ser provinciano al cuadrado.\u00a0<!--more--><br \/>\nAl tiempo que en la ciudad de provincias se aprend\u00eda a mirar el mundo, Madrid, la gran ciudad, pod\u00eda llegar a ser el m\u00e1s provinciano de los lugares: ciudad panhisp\u00e1nica y localista donde mor\u00edan todas las oleadas provincianas. El rinc\u00f3n soriano, la casa de Granada o la hermandad orensana tuvieron sus d\u00edas de gloria junto a los restaurantes folcl\u00f3ricos en los que el paleto pod\u00eda sentirse como en casa. El gran reto del joven de provincias era conquistar la ciudad, vencerla, ponerla a sus pies. Y ese af\u00e1n provinciano sol\u00eda no tener l\u00edmites: el que conquista una ciudad no queda satisfecho. El provinciano se impon\u00eda retos cada vez m\u00e1s dif\u00edciles, ciudades sin descanso y de dif\u00edcil car\u00e1cter: Berl\u00edn, Par\u00eds, Nueva York.<br \/>\nDice Borges que la poes\u00eda rural argentina, la poes\u00eda de los gauchos, es obra de artistas bonaerenses fascinados por la vida de esos h\u00e9roes rom\u00e1nticos de la Pampa. Un verdadero gaucho, un hombre de campo hubiera intentado disimular su origen con adornos o ultracorrecciones en el lenguaje. Parecidas razones me han hecho pensar siempre que el gran himno del provinciano es New York, New York en la voz de Frank Sinatra. Hay otras canciones de Sinatra, como My kind of town, Chicago o L. A. is my lady que alimentan ese entra\u00f1able esp\u00edritu provinciano, pero ninguna llega al momento sublime del verso \u00abIf you can make it there, you can make it anywhere\u00bb, o sea, que si puedes hacerlo all\u00ed, en Nueva York, podr\u00e1s hacerlo en cualquier sitio.<br \/>\nLo que llaman la \u00abglobalizaci\u00f3n\u00bb del mundo afecta de manera decisiva en las etapas de formaci\u00f3n del individuo. Desde una perspectiva optimista hoy vivimos en un mundo global, el mismo para alguien de Albacete o de Southampton, y eso puede parecerse al sue\u00f1o de algunas utop\u00edas renacentistas. Pero desde una perspectiva pesimista el mundo global, el modelo de cosmopolitismo comunicativo, produce provincianos m\u00e1s profundos, menos inquietos por mejorarse. Son los catetos modernos punto com, m\u00e1s contentos con lo que son, con menos referentes m\u00edticos, menos apasionados y, por tanto, esquivos a esa etapa necesaria que se llamaba formaci\u00f3n o aprendizaje. El joven de la provincia global creyendo haber visto todo puede no haber visto nada. El joven de provincias cre\u00eda no haber visto nada y la dimensi\u00f3n de su l\u00edmite era del mismo tama\u00f1o que su horizonte.<br \/>\nLos pol\u00edticos, economistas y soci\u00f3logos del medio mundo rico celebran, desde los a\u00f1os ochenta, el advenimiento de un nuevo cosmopolitismo al que llaman \u00abaldea global\u00bb (global village). En principio, y por rango, parece que hemos descendido: de la provincia a la aldea, de la b\u00fasqueda de est\u00edmulos exteriores a no tener que moverse de la loseta para poder ser. Esta aldea tiene un campanario virtual y la informaci\u00f3n predominante es el chismorreo, la absoluta ausencia de discreci\u00f3n, como en los peores d\u00edas de una esquina provinciana.<br \/>\nDe la experiencia de la ciudad como aula, tomando el t\u00edtulo de uno de los \u00faltimos trabajos del te\u00f3rico de la comunicaci\u00f3n Marshall McLuhan (City as Classroom), hemos llegado a la experiencia de la ciudad como conventillo, supermercado o sala de fiestas. Y quiz\u00e1s con la provincia global, con la llegada de los provincianos al cuadrado, hemos perdido el est\u00edmulo de superar lo cercano. De forma que uno de los arbitrarios ep\u00edgrafes que Stendhal incluy\u00f3 en Rojo y Negro podr\u00eda quedar hoy desmentido: \u00abEn Par\u00eds hay personas elegantes, en provincias puede haber personas de car\u00e1cter\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel Gallego Roca. 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