{"id":532,"date":"2013-06-17T17:38:14","date_gmt":"2013-06-17T15:38:14","guid":{"rendered":"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=532"},"modified":"2013-06-17T17:38:14","modified_gmt":"2013-06-17T15:38:14","slug":"el-rescate-de-colombine","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/?p=532","title":{"rendered":"El rescate de Colombine"},"content":{"rendered":"<p><b><a href=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/logocordel1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-206\" alt=\"logocordel1\" src=\"http:\/\/editorialhijosdemuleyrubio.com\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/logocordel1.jpg\" width=\"300\" height=\"62\" \/><\/a>J.J. Armas Marcelo.<\/b><\/p>\n<p>La primera vez que supe de Colombine fue en los alrededores de Tom\u00e1s Morales, en Agaete, en un huerto lleno de flores, pitangos, cafetales, g\u00fciros, aromas del Caribe en Gran Canaria y recuerdos l\u00edricos, donde el poeta de \u00abLas Rosas de H\u00e9rcules\u00bb y del sonoro Atl\u00e1ntico se refugi\u00f3 en los a\u00f1os finales de su vida, tras regresar de Madrid. Todav\u00eda era muy joven Morales cuando se top\u00f3 con la muerte sorpresiva, y cada vez que se hablaba del poeta en mi entorno familiar, que en bastante medida era el suyo, a mis o\u00eddos y hasta mi curiosidad de adolescente se trepaba, adem\u00e1s de algunos pormenores de la tragedia, un enigm\u00e1tico nombre de mujer: Colombine.\u00a0<!--more--><br \/>\nDespu\u00e9s Colombine tuvo para m\u00ed su verdadero nombre, Carmen de Burgos, pionera, atrevida y altiva de cuanto vino despues -la liberaci\u00f3n de la mujer- y, en cierta medida, la memoria pasional y femenina de algunos nombres grandes que hicieron en aquellos a\u00f1os la literatura y el periodismo espa\u00f1ol. Uno: Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna. Otro: Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s. Mas all\u00e1: Ruben Dar\u00edo, y mas ac\u00e1 G\u00f3mez Carrillo, Cansinos, Morales o Salvador Rueda. Pero Colombine, Carmen de Burgos, a pesar de los estudios y las citas, segu\u00eda siendo un nombre lleno de fuerza, de inc\u00f3gnitas y rincones escondidos y clandestinos, muy propios para inventar una hero\u00edna de novela er\u00f3tica con nombre de mujer y memoria hist\u00f3rica.<br \/>\nDe vez en vez, alguien, intelectual, escritor, charlatan o sabio, lo mismo da aunque a veces no da lo mismo, citaba, nombraba y hablaba de Colombine con la ins\u00f3lita cercan\u00eda que raya en irreverencia o devoci\u00f3n. Y, a pesar de todo, el nombre de Colombine se escapaba insistente y tenaz entre cientos de \u00e1rboles llenos de citas y an\u00e9cdotas que no dejaban ver el bosque inmensamente literario, period\u00edstico y libertario -bien que a su modo de entender el mundo y de vivir siempre el presente como si fuera el futuro- que llevaba encerrado en su nombre la misma Colombine.<br \/>\nDe manera que al margen de las bibliograf\u00edas y los estudios selectos, acad\u00e9micos y universitarios, el libro de Federico Utrera titulado Memorias de Colombine. La primera periodista no s\u00f3lo es un hallazgo que nos desnuda y descubre sensualmente la m\u00faltiple, atrevida y riqu\u00edsima personalidad de Carmen de Burgos, Colombine, sino que rescata a la periodista principal de su momento y \u00e9poca para que las lectoras (seguro que esta osad\u00eda de Utrera tendr\u00e1 miles) y los lectores puedan conocerla y convertir el libro en un fetiche de leer, y a Colombine en la suerte de diosa que lleg\u00f3 a ser para los mejores de sus amigos, tras ser recuperada hoy gracias a otra impertinente osad\u00eda: la creaci\u00f3n de HMR Editores, que naci\u00f3 con este ensayo novelado en primera persona y que, respire mucho o muera en poco tiempo entre tantos monstruos prestigiosos de nuestra industria editora, pasar\u00e1 a la Historia con el nombre de Colombine.<br \/>\nConfieso que, a pesar de la documentaci\u00f3n, las fichas t\u00e9cnicas, las explicaciones y las matizaciones de Utrera sobre cada episodio de la vida, la pasi\u00f3n y la muerte de Colombine, su texto sobre Carmen de Burgos lleva regusto a leyenda, a relato de aventuras entrecortadas, a novela de amor (de amores tumultuosos, simult\u00e1neos, secretos y sucesivos) en un tiempo muchas veces s\u00f3rdido y otras tantas relegado al olvido. Por eso me parece que Utrera tiene raz\u00f3n cuando afirma que Colombine lleg\u00f3 a poseerlo tanto mientras \u00abla\u00bb escrib\u00eda que su propia mujer estuvo a punto de divorciarse de \u00e9l. Porque tanta fue la pasi\u00f3n loca y el tiempo extravagante que Utrera le dedic\u00f3 a la vida de Colombine que su propia mujer lo hizo reo de infidelidad, sospechosa latitud imaginaria en la que se encuentra todav\u00eda sin que (seg\u00fan confiesa de viva voz) tenga ya muchas esperanzas de salir indemne.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>J.J. Armas Marcelo. La primera vez que supe de Colombine fue en los alrededores de Tom\u00e1s Morales, en Agaete, en un huerto lleno de flores, pitangos, cafetales, g\u00fciros, aromas del Caribe en Gran Canaria y recuerdos l\u00edricos, donde el poeta de \u00abLas Rosas de H\u00e9rcules\u00bb y del sonoro Atl\u00e1ntico se refugi\u00f3 en los a\u00f1os finales de su vida, tras regresar de Madrid. 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