Editorial Hijos de Muley Rubio

Federico Utrera explica en “Informe Semanal” (TVE) las lecturas de Velázquez en su “Cordel de Extraviados”

El pintor Diego Velázquez (1599-1660) es uno de los personajes que el escritor Federico Utrera ha incluido en su libro “Cordel de Extraviados. Literatura y Arte”, y también protagonista de uno de los ensayos que contiene este exhaustivo volumen de casi 500 páginas. En él, Utrera recoge sus experiencias e investigaciones artísticas sobre escuelas y personajes que han ido salpicando su existencia.

“Cordel de Extraviados” es el camino por el que Federico Utrera ha deambulado durante las dos últimas décadas, conformando así su propia biografía. Ha trabajado con Juan Goytisolo, Fernando Arrabal, José Ángel Valente o Michel Houellebecq en España, Francia y Marruecos, y con los albaceas de Juan Ramón, Lezama Lima, Ángel Vázquez o Reinaldo Arenas para profundizar en sus investigaciones literarias, que amplió entre otros a Miguel de Cervantes, Fernando de Rojas, Benito Pérez Galdós, Jorge Luis Borges o Luciano Rubio. También contactó con amigos y editores de Luis Cernuda, Octavio Paz, Roland Topor o Gómez Arcos. Todos tienen además en común en este autor su lectura crítica, desgranando aquí la huella que dejaron en su escritura.

En cuanto a la plástica, Utrera confiesa un prejuicio: le aburre la mayoría del arte contemporáneo y de ahí su asidero a los clásicos, algunas de cuyas exposiciones en Europa ha visitado y estudiado con curiosidad: Velázquez, Rembrandt, Durero, Van der Hamen, Van Gogh, Sorolla, Rodin… Pero en este libro también atiende a las vanguardias –Picasso, Modigliani, Kandinsky, Gris, Chirico… – y a dos de los pintores del siglo XX que más estima: Oscar Domínguez y Manolo Millares. Conoció a Cesar Manrique, Jesús de Perceval y Eduardo Chillida, que prologó otro de sus volúmenes, y esos encuentros, como los que ha mantenido con Cristino de Vera, Juan Hidalgo, Fernando de Szyszlo o Mitsuo Miura, salpican estas páginas, que abren también su espacio a las dos últimas renovaciones que más han despertado su sorpresa: el videoarte (Bill Viola, Nam June Paik, Wolf Vostell…) y la anarquitectura (Matta Clark).

Juan Goytisolo
Juan Goytisolo

“La publicación de la extensa labor de crítica literaria y artística de mi colega almeriense Federico Utrera en las páginas de diarios y revistas entre 1989 y 2009, reunida ahora en el volumen Cordel de Extraviados, es una buena noticia para cuantos nos preocupamos por las lagunas y carencias de nuestra vida cultural”, ha escrito el novelista Juan Goytisolo.

“Por fortuna nuestra, Federico Utrera no sigue la estela del periodismo hoy en boga que inunda las páginas de muchos suplementos semanales y de revistas subvencionadas por la Administración, en los que la profusión de clisés e imágenes anodinas sustituye gradualmente a la reflexión”. Y añade: “Aunque al servicio de la actualidad periodística, no deja que aquella sea avasallada por la banalidad habitual de ésta. Sus observaciones y comentarios sobre escritores y artistas, ya del pasado, ya contemporáneos, no se limitan a componer un catálogo: evitan los tópicos en uso y tienen el mérito de nadar contracorriente”.

“Frente al clisé rutinario, propone una visión desestabilizadora e invita al lector a discurrir por cuenta propia. Indaga en lo dejado en los márgenes por la institución literaria. Separa con nitidez el trigo de la paja. Rescata figuras y valores olvidados por el gremio oficial”, señala el novelista español afincado en Marraquech, que apunta como “a las páginas sobre Colombine en su idilio con Ramón Gómez de la Serna y Rodalquilar, agrega un emotivo homenaje a una de las precursoras más notables del feminismo moderno. Igualmente incentivas son sus reflexiones sobre la pintura española del siglo XX, así como sobre la arquitectura y el videoarte”.

“En corto: su trayecto de valiente y casi heroico editor de Hijos de Muley-Rubio le ha llevado esta vez a orillarse, como un inmigrante indocumentado, en las costas isleñas. El sello de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria acoge así a un refugiado ejemplar y esta excelente iniciativa debe ser acogida con la atención que merece por quienes aún conservan la peligrosa costumbre de leer –costumbre que, en tiempos de Cervantes, “llevaba a los hombres a la hoguera y a las mujeres a la casa llana”, según escribió en Los alcaldes de Daganzo”, concluye Goytisolo.

Federico Utrera
Federico Utrera

Federico Utrera es autor de “Canarias, Secreto de Estado” (Mateos López, Ed., 1996), trabajo de investigación sobre los aspectos más oscuros de la Transición en el Archipiélago; “Memorias de Colombine” (HMR, 1998, 2ª edic, 1999), la biografía de Carmen de Burgos, primera mujer que se dedicó al periodismo profesional en España y “¡Diputado Blasco Ibáñez!” (HMR, 1999), recopilación de todos los discursos parlamentarios del escritor valenciano. Sobre esta materia también ha publicado “Los Leones del Congreso” (La Esfera de los Libros, 2012), recopilación de anécdotas y experiencias que vivió durante su época de corresponsal parlamentario.

Utrera también es autor de “Después de Tantos Desencantos” (Ed. Festival Internac. de Cine de LPGC, 2008), un ensayo-híbrido sobre la vida de los Panero, estirpe de poetas que se extingue. Su última publicación ha sido “Viola on Vídeo” (URJC, ULPGC, USAL y UAL, 2012), biografía y catálogo razonado del videoartista norteamericano Bill Viola.

Este escritor, afincado en Madrid desde hace 25 años, ha participado también en varias películas: “Mujeres en la Historia: Carmen de Burgos Colombine, documental televisivo rodado por RTVE (2003), “El crimen de una novia”, sobre la obra de Federico García Lorca (Telespan, 2005), “La Estancia Vacía” (Producc. JV, 2006) acerca de la muerte de Michi Panero en Astorga y “Cubillo, Historia de un crimen de Estado” (La Mirada Producciones, 2012). Además, ha comisariado exposiciones de arte, ciclos de cine e impartido conferencias por toda España. Ha sido fundador de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, de la editorial Hijos de Muley-Rubio y de varias revistas culturales.

Lea un amplio extracto del libro pinchando aquí

Por su parte, Matías Díaz Padrón, conservador del Museo del Prado, escribe en el amplio y biográfico prólogo de este libro que Utrera “busca lo que hay de excelencia en los autores que lee y estudia, tanto filósofos, críticos, novelistas, dramaturgos y artistas, sin preferencia en campos de la arquitectura, escultura y pintura. Artículos interesantes en consonancia con una escala de valores que escasea en el páramo triunfante del ahora que vivimos. Es de esperar que algún día se premie este sendero que toma por vía la crítica de la razón”.

Matías Díaz Padrón
Matías Díaz Padrón

Para Díaz Padrón, “no hay horizontes en su viaje a través de la literatura clásica más sublime, la renacentista, barroca, romántica y de hoy. De todo araña y transluce con didáctica metodología la esencia. Todo un esfuerzo por transmitir mensajes con sólido realismo. Artículos que no están marcados por los oportunismos a la moda: y producto imperativo de un estilo imperturbable. Escribe todo aquello que llama su atención en un mirar la existencia para hacerla suya y transferirla comprensible. No intenta ni le importa convencer. Expone lo que siente y basta. El resto es asunto del lector. Así sus tesis, imágenes y pensamientos expuestos obligan a reflexionar”.

“A Federico le basta la condición del ser. Toma ejemplos de personajes de épocas pasadas. Cuando menciono que es un acierto a contracorriente, lo digo porque no teme mirar hacia atrás cuando se juega con los valores. Tengo un ejemplo eficaz de lo útil de esta perspectiva en la Edad Media que descubrió a Grecia y Roma, y forjó el Renacimiento. Esto nos salvó del fundamentalismo. No eran muy diferentes Ricardo Corazón de León y Solimán el Magnífico. No fue lo más importante la belleza y el arte. Fue el triunfo de la razón y la confianza del hombre. Federico rasga el pasado para extraer y comunicar la conciencia, el provecho de las ideas y la belleza que frena nuestros tiempos”, añade.

Y concluye: “Me sorprende descubrir su interés por la cultura clásica a la que tanto debo y espero retornar. Es consciente que la vista es el instrumento único para el juicio de la pintura. Aunque esto parece baladí, tengo motivos para verlo excepcional. La mayoría de los críticos de arte que conozco resumen los textos de los catálogos enviados previamente a los periódicos sin el menor vistazo a las obras expuestas. Va directo a mirar el campo de batalla, buscando la opinión de los expertos y juzgando por sí mismo frente a la realidad palpable de la obra. Esto no es tan común y no tengo por menos que recordarlo. Ví algo de ello en Santiago Amón, crítico de arte fiel a su conciencia y conocedor de la historia del arte. Su ausencia, como bien dijo Martín Ferrand, dejó huérfana a la crítica. Es lástima la falta en la prensa, tan rica, y osada en otras áreas como la política y la sociedad. Esto no está fuera de contexto cuando pienso que Federico Utrera puede bien sustituir la laguna que dejó Santiago Amón en la crítica de arte”.

 

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