Editorial Hijos de Muley Rubio

Poesía árabe de hoy en Marruecos

El recluta Valente: José Angel, Emilia Palomo, su primera mujer, Jacinto López Gorgé (que facilitó la foto), Muhammad Sabbag y Dora Bacaicoa
El recluta Valente: José Angel, Emilia Palomo, su primera mujer, Jacinto López Gorgé (que facilitó la foto), Muhammad Sabbag y Dora Bacaicoa

José Ángel Valente.

Seguramente muy pocos de los lectores, aparte los que pertenezcan a esa reducida minoría asidua de las revistas de poesía que en número creciente aparecen hoy en distintos puntos de España, conocerán la labor que desarrollan en la zona marroquí de nuestro Protectorado pequeños grupos de escritores jóvenes y animosos. Tampoco les resultarán familiares algunos nombres indñigenas muy significativos del estado actual de las letras árabes en aquellas tierras, donde la labor de España se lleva a cabo a costa de un empeñadísimo esfuerzo. Si desde aquí colaborásemos en nuestra modesta medida a un conocimiento más extenso de ambas cosas, realizaríamos una tarea de estricta justicia.  (más…)

Perspectivas de la ciudad celeste

portada1José Ángel Valente

El presente texto, que reproducimos íntegramente, se publicó por vez primera en el catálogo de la exposición El espacio privado, celebrada entre los meses de octubre y diciembre de 1990, en el Centro Nacional de Exposiciones (Madrid), y cuyo comisario fue Luis Femández Galiano.

A Coral que es de aire
Antonio Flores in memoriam

EL sol caía del otro lado de la Alcazaba. Descendían las nubes como interminables pájaros de fuego más allá de las cuevas de Las Palomas. Todo es puro espacio de la mirada que, en realidad, no existe, sino que resulta una invención de los visibles. Generan éstos la pupila. Se ven en ella. Espejo. No nos ven a nosotros. Somos sus invisibles. Y nada hay en este espacio, sino fuego y líneas de color extremado, la ligereza aérea de las formas que el viento da al animal celeste en este instante inmóvil, súbito, quieto, suspendido de su sola luz. Un pájaro se posa en la quietud total del propio vuelo, como si desde éste contemplara el sacrificio solar tan lento y silencioso. ¿Cómo podríamos emularlo sin garganta, sin pulmón, sin plumaje? Quisiéramos crear una palabra, una sola palabra, que fuese igual a este espacio quieto e infinito donde, sin embargo, el mundo muere y nace al otro lado de su propia imagen. Cataclismo final. Teología de la luz celeste. Hemos seguido el sol desde hace mucho, desde el comienzo de los tiempos, dicen. Lo hemos seguido. Se va más allá, del otro lado de sí, se sume en el costado opuesto de la luz, herido por la lanza. Cáliz, este espacio de fuego, grial de sangre, donde humillo mis fauces. Inexhausto.  (más…)

Valente y Chevalier: palabra e imagen

 

Valente y la fotógrafa Chevalier
Valente y la fotógrafa Jeanne Chevalier

La fotógrafa Jeanne Chevalier (Moutier, Suiza, 1944) reside de manera permanente desde hace quince años en el áspero y bello paisaje del Parque Cabo de Gata-Níjar, en Almería, aunque llegó a esas tierras por primera vez hace más de cuarenta. Su casa, a un tiempo taller de fotografía y retiro para la reflexión y el gozo tranquilo, se asienta sobre una colina por la que asciende la magra vegetación mediterránea y desde donde se divisa la costa de San José, pequeña localidad marinera que se halla a un tiro de piedra. En esta entrevista nos habla de su relación con el poeta José Ángel Valente, frecuentador gozoso de estos mismos parajes, a partir de la cual surgieron «Calas» y «Campo», dos libros que llevan la firma de ambos y donde el magnetismo y el poder de seducción de la palabra y de la fotografía andan de la mano para ofrecer testimonio del poder de fascinación que posee un espacio donde el hombre parece mostrarse como «un ser fortuito». A lo largo de su carrera, Jeanne Chevalier ha conseguido diversos premios de fotografía en Suiza y otros países europeos, donde expone regularmente en museos y galerías. Su libro «See Land» obtuvo la Medalla de Plata de los Más Bellos Libros del Mundo, en Leipzig, y «Calas» fue recompensado con el Premio Kodak.  (más…)

Poemas: Valente y los Panero

Calle del poeta Leopoldo Panero (Astorga)
Calle del poeta Leopoldo Panero (Astorga)

HIJO MÍO
Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,

me arrastras de la mano… Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.

Leopoldo Panero 

*Soneto alejandrino Por el Roman d’Alexandre, poema francés del siglo XII). adj. Se dice del verso de catorce sílabas, dividido en dos hemistiquios Incluido en Antología Cátedra de Poesía de las Letras Hispánicas. Selección e introducción de José Francisco Ruiz Casanova. Cátedra Letras Hispánicas. 500. Ediciones Cátedra S.A. 1998.  (más…)

Carmen Conde (con Trina Mercader al fondo) y Valente en Marruecos

 

Arriba Carnen Conde, abajo Trina Mercader. Fotos: Centro de Estudios Carmen Conde.
Carnen Conde y Trina Mercader. (Centro de Estudios Carmen Conde).

rinaFernando de Ágreda Burillo

Con motivo del homenaje dedicado recientemente a Trina Mercader y su revista hispanomarroquí Al-Motamid. Verso y Prosa, organizado por los Institutos Cervantes de Marruecos, ha surgido el recuerdo de otra gran mujer y poeta: Carmen Conde, fallecida en 1996.

El motivo de este recuerdo es, por un lado, reconocer su valioso papel de impulsora de la obra de Trina Mercader (Luzmaría Jiménez Faro se ha referido a «su gran labor de divulgación de nuestras poetisas, pues ha publicado varias Antologías y tendido su mano a muchas de ellas…», en su libro: Panorama Antológico de Poetisas Españolas (Siglos XV al XX); y, por otro, rememorar la breve amistad que me brindó cuando fui a visitarla en la casa de la antigua calle de Wellingtonia, que hoy lleva el nombre de su «casero» de entonces y grandísimo poeta: Vicente Aleixandre (tan unido asimismo a Trina Mercader y a su aventura literaria).

Carmen Conde me recibió – trabajaba yo muy cerquita de su casa, en el edificio de la Escuela Diplomática, en el Paseo de Juan XXIII – para hablar de un tema que nos apasionaba: Marruecos y, en concreto, las revistas de poesía sobre las que empezaba a interesarme: Al-Motamid, de Trina; Ketama y Manantial, de Jacinto López Gorgé.  (más…)