Imagen 1“Siempre me fascinaron los innovadores y por ello me cautivó la “anarquitectura” de Gordon Matta Clark, el “minimalismo” de Mitsuo Miura o el movimiento “zaj” de Juan Hidalgo. A la viuda del primero, Jane Crawford, la pude ver emocionada, a pesar del tardío reconocimiento de su marido, durante su primera exposición en España –hubo que esperar a su muerte, como es habitual en los precursores–. Al introductor de la vanguardia minimalista en nuestro país, Mitsuo Miura, de apellido tan español como japonés, lo visité en su estudio de San Emilio, barrio de La Elipa, cerca de la plaza de toros de las Ventas (Madrid), aunque ya había advertido antes la originalidad de su obra en el Artium de Vitoria. Incluso tuve el placer y el honor de poder exponer una obra suya tanto en una colectiva como en uno de mis libros. A Juan Hidalgo lo ruboricé con mi perenne y tenaz interés, según propia confesión, porque siempre me pareció un adelantado en todos los géneros que tocaba, mientras que a la sencillez y naturalidad de “Michel” Barceló, cuya precocidad siempre suscitó aquí tantas loas como envidias, sólo pude rendirme por la evidencia que supone estar ungido por el cielo para crear con originalidad”, escribe Federico Utrera en el prólogo de este cuarto y último volumen de su tomo relativo al Arte en ese cofre que es su libro titulado “Cordel de Extraviados”.

“Si los pergaminos pudieron suplir las paredes de las cuevas y los lienzos a las tablas, creo que el soporte digital se avecina como nuevo cambio estructural en el arte. Pero no siempre los que derriban una puerta son los primeros que pasan por ella. El coreano Nam June Paik y el hispanoalemán Wolf Vostell –cuyo museo está en Malpartida (Cáceres)–, quedarán como los pioneros del vídeoarte, aunque quizás el discípulo ameuropeo Bill Viola se consagre como aquel que fue capaz de hacer vibrar con el plasma en la misma intensidad que antaño un cuadro”, indica el autor.

Salpican estos escritos también jóvenes artistas que se cruzaron en su vida por casuales circunstancias: “Respetuoso como soy con el azar objetivo, no tuve más remedio que plegarme gustoso a él: Luis Arencibia, Pablo del Pino, Abraham La Calle, al que llevo siguiendo muchos años, Luis Navarro y Carlos Valera –estos tres últimos pertenecientes a la misma escuela sevillana de los ochenta en una generación que es la mía– e incluso al madrileño tetuaní Said Messari o al olulense Andrés Ibáñez. Cada uno a su manera y a la espera de esa madurez que los elevará por encima de incomprensiones y desánimos, todos avanzaron algo, por poco que sea y por pequeño que parezca, en la concepción del arte. De ahí mi reconocimiento y mi estima”.

Y añade: “Estoy convencido de que la mayoría seremos recordados sólo por pertenecer a la generación de uno o varios de los artistas que alumbraron nuestra época, ya sea en un plano global o local. De nosotros dirán que cuando vivíamos, ellos fueron la vanguardia, los que arriesgaron. Fueron tachados de osados en su tiempo por hacer algo que nadie se atrevía y sus nombres acompañarán el título de un tiempo del que los demás seremos simples anónimos evanescentes. Si el Renacimiento puede resumirse en la vida y obra de Leonardo da Vinci, también simplificamos a veces con “la época de Velázquez…”, como se recuerdan “los tiempos de Vermeer”, “los años de Goya”, el “siglo de Picasso” o aquellos febriles días en los que Andy Warhol lo puso todo patas arriba tanto como antes lo había hecho Marcel Duchamp, socavando las raíces mismas de la creación artística”. Tanto, como ese revolucionario y padre de la nueva música llamado John Cage.

Utrera concluye confesando que “como creo firmemente en la repetición del ser humano y sospecho que el inventor de esta traviesa, a veces cruel y en ocasiones genial criatura, agotó su talento en doce arquetipos a los que sólo se les modifica el decorado y el atrezzo con el devenir de los tiempos, en ocasiones me da por pensar donde se esconde el Van Gogh o el Bacon que hoy despreciamos o minusvaloramos y mañana será ensalzado como el auténtico icono representativo de nuestras vidas. De ahí mi curiosidad por la innovación en el arte, la asunción de peligros, la ponderación de la belleza y el conocimiento como ejes que motivan el alma y sus sentidos al compás del movimiento del planeta, aunque en un principio parezcan girar en sentido contrario”.

Índice:

Videoarte y Anarquitectura

– La Pasión de Viola

– Bill Viola, el “spagnoletto”

– La televisión y el nuevo mundo de Nam June Paik

– Wolf Vostell, Año X

-18 Brumaria: Vídeo, Primera etapa

– Ars Media, Ars Digital

– De tal Matta, tal Clark

Posmodernos

– Michel Barceló, el africano

– La brújula de Mitsuo Miura

Juan Hidalgo, feliz cumplezaj

– Hidalgo y Cage: Juan y John

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