Editorial Hijos de Muley Rubio

Cuerda para rato

cuerdaJosé Luis López Bretones

Aprovechando el socorrido recurso a la etimología, se me permitirá explicar brevemente el sentido del término “extraviado” que figura en la cabecera de esta revista y cuya inclusión tal vez llame la atención del público lector previamente dispuesto a la chanza y la maledicencia. A este respecto, me preguntaban hace unos días si eso de “extraviados”, además de formar parte del título, contenía también un sentido en cierto modo premonitorio. Quisiera empezar por aclarar que, antes bien, lo que pretende ser es una simple declaración de intenciones. El dichoso adjetivo, aparte de su acepción más común -esa que tiene que ver con la locura o la insania-, constituye el típico ejemplo de palabra compuesta en la que la preposición latina “extra” actúa de prefijo separable con el sentido de “fuera de”, al cual se le une la partícula “viado”, derivada del sustantivo “vía”: ruta, camino, sendero. Por lo tanto, “extraviados” son, en puridad, aquéllos que andan fuera del camino, los que se apartan de la vía: en este caso, del camino más usual, más trillado, más común, y eligen para dar cauce o expresión a sus ideas e intenciones otras sendas menos frecuentadas, menos habituales, bien por escabrosas, bien por peliagudas. De ahí, merced a una curiosa analogía, el hecho de que este término pasara más tarde a aplicarse a los enajenados, a los que se apartaban de las reglas normales de conducta y/o de pensamiento. 
Desde luego, este camino extraño o extravagante es el que parece que hay que tomar cuando alguien se decide a embarcarse en cualquier propuesta cultural que, si se quiere dotada de una mínima dignidad en sus contenidos y objetivos, surja y se desarrolle en una ciudad como Almería. Una ciudad que, salvo contadas y honrosas excepciones, y por diferentes circunstancias en la que me es imposible detenerme ahora, no se ha destacado precisamente por la trascendencia o la prolongación en el tiempo de este tipo de manifestaciones editoriales. Por ello mismo nos parece que cuando surge entre nosotros un producto de estas características y su propósito es el de servir de vehículo para el pensamiento y la opinión, para la reflexión independiente en torno a diferentes asuntos relacionados en general con la cultura y la sociedad, el simple hecho de su existencia se convierte en un acontecimiento merecedor cuando menos de ser tenido en cuenta.
Ese carácter de independencia que a los responsables de la revista nos gusta remarcar pienso que ha de venir dado, ante todo (aparte de por su intención de no cargar sus páginas a costa del presupuesto público, como resulta tan habitual por estos pagos), por el contenido de los artículos y trabajos que en ella se recojan, a cuyos autores les pediremos, además de auténtica competencia en sus respectivas materias, todo lo contrario a la complacencia, la reverencia o el servilismo hacia cualquier tipo de intereses espúreos o bastardos, hállense éstos donde quiera y tengan el nombre que tengan. Esto no significa, lógicamente, que no elogiemos todo aquello que creamos elogiable, todos aquellos proyectos o actuaciones que creamos basados en la dignidad y el carácter verdaderamente útil y provechoso de sus objetivos y resultados. Pero la revista nace con una vocación fundamentalmente crítica, siendo sus receptores ideales todos aquellos que habitan y sienten algún tipo de preocupación hacia esta tierra nuestra, que ha vivido, y sigue viviendo en tantos aspectos, al margen de tantas cosas.
Admitamos, por otro lado, que el mantenimiento a lo largo de los años de unas ciertas actitudes de sospecha, de incomodidad, e incluso de temor o de inquina ante cualquier proyecto o idea que no viniera avalada por la pertenencia a una serie de círculos cerrados, endogámicos y, por tanto, empobrecedores, nos han hecho lamentarnos a muchos de nosotros ante actitudes que no cabría calificar sino de reaccionarias, de pacatas o de pueblerinas: actitudes que en demasiadas ocasiones nos han conducido a un letargo y a un atraso creativo, intelectual o de simple criterio estético cuyas funestas consecuencias acaban repercutiendo sobre el tejido social en su conjunto, determinando modos de ser y comportamientos frecuentemente indeseables.
Parece evidente que las condiciones o las posibilidades para superar esta serie de rémoras que han venido lastrando el empuje y las iniciativas de los mejores, han de venir guiadas por una voluntad dispuesta a superar localismos y estrecheces mentales que no consiguen sino condenar a la colectividad a la inconsciencia, la inanidad y, en definitiva, la inexistencia. En este sentido, la aparición y proliferación de esfuerzos y materializaciones de este tipo deben ser apoyadas y contempladas como otros tantos lugares de reflexión y de intercambio donde el afán de apertura y el interés hacia las corrientes del exterior arraiguen y sean comunicadas por medio de ese instrumento subvertidor y fundamentador a un tiempo que es el lenguaje. Y deben de contemplarse, también, como una llamada de atención sobre nuestra tierra, como una forma de transmitir más allá de las fronteras provinciales nuestra existencia y de reclamar atención sobre lo que aquí se hace, se piensa, se discute.
En fin, creemos que son necesarias, aquí y ahora, personas cuya iniciativa se muestre dispuesta a vencer todo modo de condicionantes e impedimentos que tradicionalmente han hecho de las periferias lugares apartados y poco propicios a la innovación, la recepción y el desarrollo de los más renovadores flujos culturales. En el mundo del intercambio global de la información, de la comunicación en tiempo real y de los avances tecnológicos en el que estamos inmersos, no debe de seguir manteniéndose esa distinción tan acusada entre un centro decisorio, impositivo y alejado, y una periferia pasiva, inerme y olvidada. Y a ello, modestamente, deseamos contribuir desde estas páginas.

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