Editorial Hijos de Muley Rubio

El “Maestro del Prado” Matías Díaz Padrón reúne a su tertulia en la Gran Peña de Madrid

JULIA SÁEZ-ANGULO. Vive y anda siempre rodeado de Meninas, bien sean las de la pintura de Velázquez en Madrid y las de Londres o las de carne y hueso que revolotean en su derredor para beber de su sabiduría artística. Las tiene de toda raza, color y estado civil: solteras, casadas, viudas, separadas, hermana, sobrinas monjas, por lo que le resulta fácil elegir la más apropiada, para cada ocasión social: bodas, bautizos, banquetes, inauguración de exposiciones, conferencias, discotecas… Las meninas reales lo queremos tanto, que no sentimos celos entre nosotras y somos capaces de estar juntas con él sin agredirnos, mientras la sabiduría brota por la boca del maestro. Cuando yo he tenido el honor de acompañarle, mayormente a lo eventos artísticos, siempre aparece una pléyade de jovencitas, muchachas en flor, verdaderos bombones, que se le acercan para saludarlo y venerarlo, recordándole que han sido alumnas suyas. Ellas le dicen el nombre, él les sonríe y les dice que sí se acuerda de ellas, pero a mí siempre me queda la duda de que así sea, por la cara que pone, porque es despistado oficial, aunque también viejo zorro, y, sobre todo porque él siempre ha estado rodeado de belleza y está acostumbrado a ella, por lo que no le sorprende. Matías no se casó, pese a haber sido un guapo, atleta y asediado, porque es un tipo cabal y supo, desde muy pronto, que él no estaba hecho para las disciplinas y rigores del matrimonio. (más…)