SERGIO LORENZO. El añorado periodista Sanjosé una vez me dijo que el suicidio que menos entendía era el de Felipe Trigo. Entonces decidimos que teníamos que leer más al extremeño que en un mes escribió la obra maestra Jarrapellejos. Felipe Trigo, que nació en Villanueva de la Serena en 1864, se suicidó cuando estaba en la cumbre del éxito, el 2 de septiembre de 1916, con 52 años. Federico Utrera en su libro ‘Memorias de Colombine. La primera periodista’, describe como a Colombine, seudónimo de Carmen de Burgos, le impresionó el suicidio de Trigo, del que reconocía su talento, aunque no le gustaba que hubiera criticado que ella se hubiera emparejado con Ramón Gómez de la Serna, porque ella era 20 años mayor que el autor de las greguerías. Colombine señala en el libro: «Era el escritor mejor pagado, publicó 32 ediciones de 19 obras diferentes y de esas 32 ediciones sólo 5 se vendieron a menos de 3,50 pesetas (…) Don Benito Pérez Galdós lleva publicadas 32 ediciones de 32 obras diferentes, pero su precio es más asequible, pues se venden a dos pesetas». Se quejaba de que ella no había hecho la fortuna de Trigo, «del que leí en La Esfera que confesaba ganar 60.000 pesetas al año, cuando Ortega y Gasset no pasa de las 3.500 como catedrático de la Universidad». Eso es lo que decía la famosa periodista que se murió teatralmente en 1932, a los 64 años, de una insuficiencia cardiaca cuando celebraba una reunión literaria en el Círculo Radical Socialista. Rodeada de gente sus últimas palabras fueron: «¡Muero feliz porque muero dentro del pleno triunfo republicano! Señores, griten ustedes conmigo: ¡Viva la República!». Y se murió.

No fue así la muerte de Felipe Trigo. Tomás Martín Tamayo ha escrito que el día que se suicidó se levantó especialmente activo, se acicaló con esmero, desayunó con su familia, paseó sus perros por los jardines de su casa Villa Luisiana en Madrid. Luego recorrió todas las dependencias de la casa, besó a su mujer y a sus hijos, y se encerró en su despacho en donde con un revólver se disparó en la sien derecha a las once de la mañana. Ahora hay médicos que aseguran que ese suicidio se podía haber evitado si se hubiera tratado bien su grave trastorno bipolar. Lo cierto es que varios de nosotros empezamos a leer algunas de sus obras: Manuel Caridad escogió ‘En la carrera‘, una novela autobiográfica en donde cuenta sus vivencias cuando estudiaba medicina en Madrid, alrededor de 1883, antes de que se casara con 22 años en 1886. Artículo completo.