Aunque vive de la libertad de expresión de los medios de comunicación, el Conde Lecquio intentó secuestrar este libro.

Aunque vive de la libertad de expresión de los medios de comunicación, el Conde Lecquio intentó secuestrar este libro.

 

El juzgado nº 6 de Majadahonda condena al Conde Lecquio de forma definitiva al pago de 14.413, 72 euros al perder su demanda contra el libro “La dolce vita” de Ruth Baza.

Denunció a la editorial HMR por “atacar de forma ilegítima su derecho al honor, a su intimidad personal y a su propia imagen” y pedía 10 millones de las antiguas pesetas por “daños morales” y el secuestro del libro.

El conde Lecquio no se personó en el juicio que el mismo provocó, facilitó como domicilio un despacho de abogados donde no le conocían e impugnó las costas, con lo que la sentencia se retrasó: finalmente la jueza lo condenó definitivamente y ahora en 2005 archiva el caso de forma definitiva.

Lecquio reconoce en el libro que practicó malos tratos con Antonia y Ana y los justifica con una variado argumentario que la escritora Ruth Baza le reprocha a lo largo del libro. 

Alesandro Lequio di Asaba, más conocido con el apelativo de “Conde Lequio”, ha sido condenado por la jueza Silvia Abella Maeso, titular del Juzgado de primera instancia numero 6 de Majadahonda, a sufragar 14.413,72 euros por las costas de su demanda contra la editorial HMR y la escritora Ruth Baza a causa de su libro “La Dolce Vita”. El demandante pedía el secuestro del libro y diez millones de las antiguas pesetas como indemnización por un supuesto atentado contra su honor, su intimidad y su propia imagen. La magistrada dictó primero un auto en el que daba por desistido en el procedimiento al “Conde Lequio” por su insistencia en “no haberse personado en el mismo en tiempo y forma para usar de su derecho”. Posteriormente la jueza dictó otro auto de aclaración en el que “se imponen al demandante las costas causadas en este procedimiento”, pero el Conde Lequio recurrió, con lo que el proceso se dilató en el tiempo. Tambien facilitó como domicilio un despacho de abogados donde no le conocían a impugnó las costas, con lo que la sentencia se retrasó: finalmente la jueza lo condena de forma concluyente y ahora en 2004 archiva el caso de modo definitivo tras el fallo del Tribunal Supremo, al que había recurrido tras apelar tambien al Tribunal Superior de Justicia de Madrid y perder nuevamente el litigio.

El “Conde Lequio” había estimado injuriosa la expresión “¡Cuantas las que han caido en su lazo de Don Juan de Coña!” y negaba haber sido el autor de la frase: “Las mujeres que me gustan se comportan como una ramera en la cama, como una dama en sociedad y como un ama de casa en la cocina”. La abogada de la editorial HMR, María José Ortego, del despacho Suárez&Brobia&Ortego (Velázquez, 121), rebatió estas consideraciones aportando el capítulo donde cuestiona el supuesto arbol genealógico del “Conde Lequio” y presentando una cinta de video donde el demandante dice que le gustan las mujeres “que en la cocina son cocineras, en el salón son señoras y en la cama, putas”. La letrada añade que “con tremenda dureza es el propio demandante quien ha hablado de sus relaciones sexuales con las diferentes mujeres”. En su contestación a la demanda, la abogada María José Ortego presenta tambien como prueba otro video donde el fotógrafo del “Conde Lequio”, Miguel Temprano, manifiesta que rompe su relación con el demandante porque “estan haciendo chantaje moral a personas que no tienen porqué ser famosas, sino que pueden ocupar cargos publicos”.

Sobre los malos tratos que practicó con algunas de sus parejas, en los apéndices fotográficos del libro se recogen declaraciones del “Conde” a la prensa en las que se jacta de ello: “Lo cierto es que lo hice tanto con Antonia como con Ana (…) Una mujer por ser mujer no tiene derecho de darle a uno un bofetón, ¿no? (…) Me sacaron de quicio y tuve que responder, no con la misma fuerza que emplearía con un hombre, pero sí con un bofetón como el que me dieron a mí”. Tambien alude con justificaciones a las veces en que pegó a una mujer: era una “simple torta” porque “lo tenía merecido”. La escritora Ruth Baza, autora de esta biografía no autorizada, le reprochó esa actitud, que quedó reflejada en comentarios de esta índole a lo que le oía: “Un hombre que es capaz de golpear a una mujer, con o sin motivos, es un gran cobarde y un hijo de puta redomado. Tomar a una mujer por la fuerza es un delito denunciable y punible ante la ley, aunque a Alessandro le suene a chufla y repita sin cesar que sus peleas con las mujeres que amó no pasaron de un simple cachete. Siempre da la sensación de que no podía estar con ellas ni sin ellas, y de que una torta a tiempo siempre garantizaba la sumisión de la mujer amada. Craso error, evidentemente, ya que ninguna de las agredidas se acuesta y se levanta a su lado en esa especie de ring de las pasiones desbordadas en que se ha convertido su cama. Entonces, a mí, llegados a estos puntos, se me ocurre una pregunta equilibrista: ¿cabe alguna posibilidad por remota que sea de que Alessandro hubiera llegado a matarlas porque eran suyas, en un arranque de latinismo puro? Una cuestión digna de Almodóvar sin guantes de boxeo”.

La editorial HMR quiere hacer constar publicamente su confianza en la Justicia y aunque ha tenido que litigar durante cuatro años a causa de las distintas dilaciones que sufría el proceso por los recursos del demandante, quiere destacar que finalmente ha resplandecido la verdad y la luz sobre el hecho de que a la escritora Ruth Baza la crítica literaria la ha encuadrado en la llamada “generación underground” que agrupa con criterios dispares a autores españoles como Ray Loriga o Daniel Mugica, aunque con su obra “La vida intermitente” ha formado parte de la colección “Reservoir Books” junto a Andrés Ehrenhaus y Jorge Pérez con su obra “El futuro es esto” o Gustavo Escanlar con su novela “Estokolmo”. El 40 aniversario del rodaje de la película de Federico Fellini, “La Dolce Vita”, sirvió de algo más que de efemérides para homenajearle con este libro. Ninguna novela desnudó tanto a la sociedad española como ninguna película desnudó tanto a la sociedad italiana en tiempos del genial cineasta. Y es que, como se pregunta el escritor Leopoldo Alas en su prólogo, Alessandro Lequio “¿es el ultimo galan del siglo o simplemente un parásito?”. Y responde: “solo un superviviente de lujo que, por miedo a la muerte, se ha visto impelido a apurar la copa hasta las heces”