Juan María Bandrés

Juan María Bandrés

El ex presidente Adolfo Suárez, la editora Cristina Prieto y Olivia Bandrés, cuyo emotivo y certero discurso transcribimos aquí, presentaron en el Congreso de los Diputados el libro de Raimundo Castro “Juan María Bandrés: Memorias para la paz”. Su prólogo fue escrito por el escultor Eduardo Chillida y tal vez fueran éstas las últimas líneas redactadas por el artista antes de morir. 

 

Olivia Bandrés

Me hubiese gustado hoy es no estar aquí, en esta mesa, para estar ahí con vosotros escuchando lo que se va a decir. Hubiese preferido que el protagonista del libro que hoy presentamos, pudiese contaros en primera persona cómo se hizo, cómo se lo pasaron Raimundo y él durante las más de 30 horas que estuvieron charlando mientras una pequeña grabadora, bastante mala por cierto, recogía todo lo que entre ellos hablaban. Entre otras cosas porque también a mí me gustaría escuchar lo que él diría hoy sobre la oportunidad o no de este libro en este momento.
Cuando Federico Utrera nos llamó, allá por el mes de mayo, proponiéndonos la publicación de aquellas conversaciones que mantuvieron en los años 80 Raimundo y mi padre, lo hizo de tal manera, con tanto cariño, con tanto entusiasmo, que de verdad fuimos incapaces de negarnos, aun sabiendo que mi padre no estaba en ese momento en condiciones de tomar esa decisión y que esas conversaciones se habían desarrollado hacía ya mucho tiempo, quizá demasiado. También es verdad que las tres personas (Federico, Raimundo y Juan Mari) en las que estábamos confiando un poco a ciegas (nosotros nunca habíamos escuchado las cintas) son gente de fiar. De Raimundo sabíamos que era amigo de mi padre y que era el periodista que él eligió para hacer un libro, de Federico no sabíamos nada pero es que no hace falta saber nada para fiarse de él, y de Juan Mari sabemos tanto que no nos daba miedo el tiempo transcurrido porque estábamos seguros de que en lo esencial ha sido y es siempre el mismo. Lo que en aquel momento no sabíamos era que ETA iba a declarar una tregua y que todo el mundo se iba a abalanzar a comparar la situación de los polimilis con la actual, tampoco sabíamos que se iban a poner tan de moda Juan José Rosón, Mario Onaindia y Juan Mari Bandrés. Esto sí que ha sido una sorpresa para todos, sobre todo para los que pensamos, aunque ahora no viene al caso hablar de esto, que las dos situaciones tienen poco de comparable. Nadie mejor que Adolfo Suárez sabe de lo que estamos hablando.
No quiero dejar de agradecer, en nombre de mi padre, y en el toda mi familia, el trabajo que han llevado cabo todas las personas de la editorial HMR que han puesto todo su corazón en este trabajo. No queremos olvidar el trabajo ímprobo que, supongo, supuso transcribir las cintas. Os puedo asegurar, porque las intenté escuchar, que ese ha sido un trabajo heroico que sólo se puede realizar con muchas ganas de que salga adelante. A Raimundo le queremos dar las gracias por haber guardado tantos años y con tanto mimo las famosas cintas, por haberse decidido a sacarlas a la luz y por donar sus derechos de autor a un proyecto de la Fundación CEAR, que pondrá en marcha en dos lugares de Mozambique una radio educativa para mujeres. También queremos agradecer de todo corazón a Adolfo Suárez su presencia hoy y aquí. En mi casa todos sabemos lo que para mi padre significa Adolfo, me atrevería a decir que es, por encima de sus discrepancias ideológicas, el hombre político del que humanamente más cerca se ha sentido. Son amigos y Adolfo nos lo ha demostrado en los momentos más difíciles.
No queremos olvidar a Eduardo Chillida, otro gran amigo de mi padre, que nos ha escrito un prólogo precioso y que es otro que sabe portarse como nadie en las situaciones complicadas.
También queremos agradecer al Congreso de los Diputados, representado aquí por María Bernarda Barrios, que nos haya cedido esta casa, que fue durante muchos años un poco la de mi padre, para hacer la presentación de este libro.
Para acabar queremos darles las gracias a todas las personas que de una forma u otra se interesaron y siguen interesándose por la salud de mi padre. El apoyo y la compañía que hemos sentido durante este último año ha sido para nosotros fundamental y estamos convencidos de que a él le ha ayudado a mejorar. Todas las personas que le queremos quisimos creer desde el primer momento que si la gravedad de su lesión le dejaba un resquicio para luchar, él lo aprovecharía al máximo.
Y esto es afortunadamente lo que ha ocurrido. El Juan Mari que conocisteis, contra los peores pronósticos sanitarios, es hoy el mismo. Quizá los galenos sean más pesimistas que los amigos y la familia, pero lo cierto es que lleva un año rompiendo esquemas médicos y cargándose las estadísticas de los libros.
Para alguien que basó toda su vida en la fuerza de la palabra es duro verse privado de ella, pero con su empeño y nuestra ayuda esperamos que sea él quien presente la segunda edición de este libro