Federico Utrera con Joaquín Segura tras la entrevista en Interalmería TV

JOAQUIN SEGURA. “Hay un perfil técnico muy acentuado, de gente incluso que viene fuera de la provincia, también de técnicos de Almería. Y personas especializadas y cualificadas del sector audiovisual, pero también encontramos alumnos  incluso de fuera de España. Tengo inscritos varios extranjeros que vienen de Bélgica, otros españoles que vienen de Barcelona, hemos tenido en otros años personas que han venido de Marruecos que están estudiando aquí en España, y que se acercan a Almería con motivo de esta sección de videoarte. Y es que vamos siempre seleccionando artistas de carácter internacional, que poseen un carácter pionero”. Quien así se expresa es Federico Utrera, doctor en comunicación audiovisual, profesor de postgrado en la Universidad madrileña Next IBS y director del taller de videoarte en el Festival Internacional de Cine de Almería, que se clausura este sábado 24 de noviembre de 2018. En esta ocasión, el taller tiene como protagonista al artista alemán, Wolf Vostell, pionero de la videoescultura del siglo XXI, que cumple el 20º aniversario de su fallecimiento. Y a lo largo de estas dos entrevistas Federico Utrera desentraña la transcendencia de este autor y de esta singular forma de creación artística y detalla el perfil de los interesados en este curso.

Los asistentes al taller audiovisual posaron al término del curso

¿Cómo va el curso? – Muy bien, aprendiendo siempre de los alumnos. Es lo mejor que tiene el taller. Leo por aquí la historia de Wolf Vostell y de Nam June Paik. ¿Quién fue el pionero? –El poeta Juan Ramón Jiménez hablaba de “la inutilidad de las escalas” y eso es también aplicable al videoarte. No es tan importante saber quién fue el primero porque estamos hablando quizás de meses, cuando no de días en el inicio cronológico de la videocreación, iniciada en la segunda mitad del siglo XX. Estamos hablando además de dos artistas que eran amigos, compañeros de trabajo, y que empezaron en este recorrido por el desierto juntos. Es verdad que hay una investigación historiográfica para saber quien fue el primero, si Nam June Paik, al que le dedicamos un taller también en el Festival de Almería, o Wolf Vostell, pero las opiniones están divididas, los indicios a favor de uno y otro son muy controvertidos y de momento yo creo que es un debate un poco estéril porque no importa tanto la cronología sino que los dos son de un altísimo nivel, eso es cierto.

Federico Utrera y el especialista audiovisual Pepe Jiménez

¿Quién fue Wolf Vostell? –Es un videoartista que pensó que la escultura además de ser de mármol, bronce o piedra, podía incorporar pantallas e imagen en movimiento, incluso televisores. De hecho eso sí que esta datado, es el primer videoartista y videoescultor que utiliza el audiovisual en una escultura. La introduce en una obra que se titula “La mirada alemana” y fue una alegoría sobre la construcción del Muro de Berlín. Todo el mundo tenemos en la memoria cuando cayó el muro, pero menos de cuando se construyó. Vostell ha dejado una memoria artística con su obra sobre la huella de prácticamente todo el siglo XX que le tocó vivir. La Segunda Guerra Mundial, la construcción del Muro de Berlín, el Mayo del 68 con toda aquella revolución estudiantil y los cambios que se produjeron… Luego la deconstrucción del Muro de Berlín, y después las Guerras del Golfo y las Guerras del Petróleo de Oriente Medio… Él es la memoria viva de todo el siglo XX en videoescultura, que es lo que le hace ser  pionero en su género.

¿Existe algún centro donde se reúna su obra? –En el pueblo de Malpartida (Cáceres) se encuentra el museo dedicado a Wolf Vostell y en él se pueden ver imágenes de una película en la que el videoartista muestra su obra a los habitantes del pueblo. Y allí salen unas señoras mayores, que están alucinadas, pero que se expresan con una gran perspicacia porque dicen: ”¡Qué misterio, qué misterio!”. Realmente son obras misteriosas y atienden a ellas con una gran devoción, él dice que encontró en España más cultura que en Centroeuropa, porque había mas tolerancia que en otros países más desarrollados, modernos y ricos económicamente. Y lo son, pero a lo peor poseen más intolerancia hacia las nuevas tendencias.

La coordinadora Beatriz Oliver y el técnico audiovisual David Beltrán

La humildad del desconocimiento como sinónimo de tolerancia y el experto o crítico que ve este tipo de obra vanguardista como algo hostil. Quería preguntarle si la videoescultura actualmente es un género que haya creado escuela y si se exhibe con asiduidad . –Si, claro que se muestra, prácticamente todos los museos de Arte Contemporáneo poseen una videoinstalación, que es otra de sus denominaciones. El de Malpartida en Cáceres, que es su museo, al lado de un parque natural espectacular y a solo 5 kilómetros de la capital, es uno de ellos, pero prácticamente todos los museos de Arte Contemporáneo ya poseen una sección audiovisual. No hay museo de Arte Contemporáneo que no exhiba ya pantallas. Esa sustitución de la que hemos hablado en otras ocasiones, del lienzo por el plasma, del pincel o el cincel por la cámara de vídeo. Y del color por el tiempo. Por contra, los Museos de Arte Clásico o Histórico se van decantando ya más claramente por la exposición solamente de pintura y escultura tradicional o analógica.

¿Cómo has estructurado el taller? ¿Qué estas impartiendo? ¿Qué cuentas? –Es un recorrido por su vida y obra de Vostell. La relación entre biografía y videografía en los distintos artistas me parece fundamental. Son genios y pioneros, pero están considerados geniales porque la vida y la obra se confunde. Y esas mismas obras son testimonio de todas sus experiencias, que han disfrutado, sufrido y vivido. Eso da lugar a  videoesculturas, donde la televisión juega un papel fundamental. Ellos, cuando alumbraron este género, pensaban que la televisión también podía ser un instrumento artístico, además de informativo. Y en esa línea trabajan.

¿Te sorprende que este festival internacional almeriense siga apostando en su séptima edición por el videoarte? –Me sorprende desde el punto de vista de que se va consolidando. El Festival de San Sebastián cuando empezó era de cine y de videoarte también. Y cuando ya creció, convirtiéndose en el mejor Festival de España y uno de los mejores de Europa, junto con Cannes o Venecia, se olvidó del videoarte. ¿Por qué? En esos primero pasos el vídeo le daba un prestigio, un pedigrí, una cierta aureola de vanguardia y por eso el videoarte colaboró como otro género audiovisual con entidad propia. Por lo tanto la sorpresa es para mí que no nos echemos nuestras siestas históricas que diría Juan Goytisolo y que continúe el videoarte de la mano del cine, o al menos como hermano pequeño.

Antonio Verdegay en otra entrevista a Federico Utrera

ANTONIO VERDEGAY. ¿Cuál es la aportación de este videoartista a las nuevas generaciones audiovisuales? –Sobre todo lo que aporta es su experiencia. Como él estuvo en el inicio del videoarte y de la videoescultura o videoinstalación, enseña una manera de ver y hacer las cosas, experimentarlas y trasladarlas después a una obra de arte, teniendo como soporte la televisión y la imagen audiovisual, en movimiento. Esto es el gran cambio de la escultura del siglo XXI que se produce gracias a pioneros como Wolf Vostell. ¿Su relación con el cine? –Sí tiene relación directa, de hecho él hizo algunas películas, también mostramos en el taller algunas secuencias, pero realmente el videoarte es otro género: si el cine fuera la novela de la literatura, el videoarte sería la poesía, en ese ámbito nos movemos

¿Cómo consigue captar la mirada del espectador? En la escultura pueden apreciarse las tres dimensiones. –Con el espacio y el tiempo como materiales audiovisuales se transforma la escultura. Piensa que todos estos videoescultores han sustituido el cincel del escultor tradicional por la televisión. Y el color de los géneros analógicos por el tiempo: la imagen en movimiento se puede manipular y moldear como la arcilla con la cámara rápida y lenta, introduciendo novedades sobre la composición. Aunque lo más importante es que hay algo que no ha cambiado desde el inicio de los tiempos: lo que el artista entrega en la obra es parte de su corazón. Y cuando tú ves a su vez que la obra te cambia la vida es que el artista ha conseguido el objetivo. En relación con su trabajo ¿Qué tipo de reivindicación realiza a través de su obra? –Se le ha definido como un artista social más que estético. Aunque también él luchó por zafarse de los clichés, realmente es uno de los mejores testigos artísticos del siglo XX. Tuvo relación con Marcel Duchamp, Salvador Dalí, Nam June Paik… con los grandes artistas de ese siglo y alguno de ellos le pusieron la etiqueta de “social”. No obstante, yo creo que la cuestión estética es la que guía sus obras, porque ante todo son videoesculturas muy bellas.